A veces las historias no tienen
ningún sentido, vienen y van, algunas se crean, otras se cambian, con el paso
del tiempo, de los años. Yo, por ejemplo, no sé qué tanto cambiará mi historia,
hasta donde ha de llegar, ni cuanto perdurará, pero lo que sí sé es que tengo
que contarla, porque alguien tiene que saberlo.
Hace 45 años que se esperaba que
el mundo cambiara, que ocurriera algo sorprendente, algo que revolucionara la
vida y nos hiciera evolucionar a nosotros como especie. Ese cambio sin embargo,
parecía venir muy lento, y es que a pesar de los avances tecnológicos que
empapaban nuestra industria, las mejoras en la calidad de vida eran pobres; a
decir verdad, buscábamos un algoritmo que resolviese nuestros defectos y
deficiencias desde afuera, como un soporte, como un software que nos ayudara a
ser mas eficaces, y dejábamos de lado las leyes propias de la naturaleza,
evolucionar desde adentro y por necesidad.
El centro médico en el que
trabajaba en la ciudad de Casamilla, no era diferente a cualquier otro, en
nuestro laboratorio los esfuerzos se concentraban en buscar curas para
enfermedades que cada vez se hacían más resistentes a cualquier método de
erradicación que pudieramos diseñar, íbamos un paso atrás de la naturaleza.
Aquí trabajábamos tantas
personas, durante tanto tiempo, en investigaciones exhaustivas que muchas veces
no llevaban a ningún lado; esto me impedía socializar, tenía dos trabajos más,
conferencias, ponencias, clases, era agobiante, no conocía bien a la mitad de
mis compañeros, lo que sabía de ellos era lo mismo que podía cualquiera ver en
sus currículos. Pero esa tarde conocí a una…
Amber era una mujer distinta, doctora
en ingeniería genética con especialidad en estructura molecular genética, distraída,
pero sumamente inteligente, lo decía su currículo, y yo lo sabía porque el jefe
de investigación siempre me pedía mi opinión para aceptar a alguien en el
programa; sus ensayos, sus tesis, sus teorías eran impresionantes, supongo que
hasta la fecha su poca trascendencia se debía a sus nulos esfuerzos por
sobresalir. Tenía 35 años, y una cara de raton mojado que resultaba imposible
no querer presionarla, impulsarla a que diera más, porque sin duda alguna era
algo de lo que era capaz, no en vano se le había aceptado en un centro de
investigaciones con tanto prestigio.
Quería ver yo cuanto era capaz
ella de dar, la incluí en mi investigación sobre reemplazo y/o modificación de
fragmentos de ARN con fines médicos, que tenía como propósito utilizar la
clonación a fin de crear organismos sin falla alguna en su código genético,
organismos más fuertes, completos, resistentes y capaces de sobrevivir y
heredar estas características a su descendencia, sin más intervención humana,
es decir, presionar una evolución natural haciéndola mecánica, así tal como lo
escribíamos era lo que esperábamos: crear. Los avances en la clonación nos
permitían jugar un poco con ese concepto, tomábamos extractos nucleicos de aquí
y de allá, fecundaciones, mezclas de ARN, nada nuevo, nada que ningún otro
laboratorio hiciese diferente para llegar al mismo fin, con el propósito claro,
de llegar primero.
Ella trabajaba callada siempre,
inmersa en sus pensamientos, abstraída de todo lo que ocurría afuera, distraída
con sus propios pensamiento, yo que era alguien que nunca me metía con nadie empecé
a intrigarme a sobre manera, me daba curiosidad saber si tenía o no familia, si
tenía un gato, si corría por las mañanas… pero como siempre, mis múltiples
ocupaciones y mi necesidad de mantener mi privacidad y no mezclar el trabajo
con mis pocas oportunidades de socializar me hacían, al final de la jornada,
quitarme el uniforme, tomar mi maletín y salir a dar mis clases.
Aquella tarde algo fue diferente,
los ojos oscuros de Amber estaban rojos, por el cansancio, por el estrés, por
el alto índice de contaminación (quizá no había usado los lentes de protección
al salir a la vereda a tomar el skybus o solamente no los alcalinizó al llegar
a casa), o quizá y solo quizá y en un remoto caso, había llorado. Su cabello
estaba atado en una cola de caballo mal hecha y sus zapatos estaban
constantemente uno encima del otro, sinceramente no sé por qué puse atención en
todos aquellos detalles, pero como siempre, mi cabeza me dijo que aquello no
era de mi incumbencia, así que como cada día, me quité la bata y los guantes de
latex y salí con rumbo a mis ocupaciones.
Es increíble que a estas alturas,
no hayan inventado un dispositivo que le indique a uno cuando ha olvidado algo
importante, y es que el cerebro es un as de la manipulación (por algo aún no
llegamos a entenderlo al cien por ciento), te dice claramente que has olvidado
algo pero obviamente se niega a decirte qué es, hasta que estas claro llegando
a tu casa a las 2 y media de la madrugada, con el cuerpo cansado, con un sueño
que amenaza con tirarte en cualquier momento y con el pleno conociemiento de
que sólo hay cerca de 4 horas para dormir.
Volví al centro médico esperando
encontrar mi maletín, el cual dejé por salir corriendo a una junta y requería
para una ponencia en la mañana en la ciudad de Geofrán. El maletín lo encontré
y a Amber también, estaba sola sentada en una silla, con la mirada fija en la
pared, debo reconocer que me asustó verla así, llevaba puesta aún la bata
blanca y sus ojos estaban más rojos que en la tarde, esta vez era seguro que
había llorado.
Cuando me acerqué a ella temblaba
como un ratón y apenas le toqué el hombro se abrazó a mi llorando como loca,
pude sentir como sus lágrimas mojaban mi hombro y como hundía sus manos en mi
espalda, no sabía que le pasaba, pero por vez primera en mi vida, sentí el
impulso de conocer lo que le ocurría a alguien más, de meterme en sus asuntos y
descubrir que ocurría más allá de lo que yo era capaz de ver.
Cuando le pregunté, Amber se
apartó de mis hombros y me miró fijamente, anonadada, desconcertada, como si
fuese yo la peor persona en el mundo en quien pudiera confiar, asentí con la
cabeza y le pedí que si no podía decirme que le ocurría al menos me permitiera
llevarla a su casa, a que descansara un poco.
Amber se levantó de la silla y empezó
a musitar un hilo de vocecilla que repetía una y otra vez que estaba sola, y empezó
en un vaivén desenfrenado a decirlo una y otra vez mientras hacía nudos con su
cabello; me acerqué lentamente a ella e intente calmarla, esto solo tuvo éxito
cuando la tome por los hombros y le exigí que me contara lo que ocurría.
-No estás sola Amber, dime que
pasa si no, no puedo ayudarte.
-Estoy sola, lo estoy, lo sé, tú
no podrías ayudarme.
-Si no me dices que pasa, por supuesto
que no.
Guardó silencio un segundo,
desvió la mirada y después continúo hablando, pero esta vez su tono era seco,
frío, como si se tratara de abordar algo inmensamente serio y funesto, debo
admitir que empecé a asustarme.
-Él me dejó.
Cuando dijo esto quería,
sinceramente soltarme a reír, no era la primera mujer a quien dejaban, eso no
era para tanto ni mucho menos para su tono.
-Amber, eso es normal en las
relaciones, a veces las person…
-Estoy embarazada.
-Bueno, eso es bueno, cada vez
hay menos mujeres embarazadas de manera natural, que tú lo hayas conseguido es
ya un motivo para estar feliz, ¿es natural no?
-Él cree que lo he engañado.
Contestaba como si hiciera caso
omiso de mis palabras y consejos que intentaba fueran buenos porque
sinceramente nunca se los había dado a nadie, porque no me importaba o por no
meterme en donde no me llaman, desconozco.
-Amber, ¿porque cree que eso?
-Porque mi hijo no es suyo.
Bueno era obvia la respuesta,
pero no sus palabras anteriores, “él cree que lo he engañado”, sonaba a que era
algo que ella no había hecho, sin embargo admitía que el hijo que esperaba no
era de la persona con la que estaba, empezaba a intrigarme, ¿se había
inseminado sin su consentimiento acaso?, quizá mis siguientes preguntas ya no
eran por ayudarla o consolarla, sino por mero morbo.
-¿Lo engañaste Amber?, ¿es tu
esposo? ¿Te inseminaste sin decírselo, es de otro?
-Sí, es mi esposo y no, jamás he
estado con nadie desde que él y yo estamos juntos, y no, no procedí a
inseminación.
Lo dijo mientras se volteaba y
caminaba lentamente abriendo y cerrando sus puños. No pude evitar esbozar una
sonrisa incrédula, cómo era aquello posible, estaba jugando seguramente,
defasandose de la realidad para no admitir una culpa que por obviedad sentía,
quería huir de su responsabilidad seguramente, era algo normal y yo lo
entendía, cualquier ser humano tiende a hacer cosas como esas, negar y
autocompadecerse, victimizarse; lo que no entendía era como siendo afortunada
por lograr un embarazo natural a esa edad, le importaba más el hecho de que su
marido la dejara o lo que sea que estuviera ocurriendo entre ellos.
-Amber, mira, sé que te duele
perder a tu esposo, no sé cuánto llevaban juntos pero…
-¡Tú no entiendes nada!
Me gritó mientras se quitaba la
bata y la arrojaba a la mesa de ensayos, empezó a llorar nuevamente y a enmarañar
su cabello al tiempo que se quitaba los zapatos. Por su actitud me quedaba
claro que o estaba tomando las cosas sumamente mal o algo más pasaba. Estaba
vuelta loca, desesperada, hasta que se dejó caer en el suelo, como si ya no
pudiera más, como si toda la energía que su cuerpo poseía la hubiese
abandonado.
Cuando me acerqué a ella a penas
y me fue posible escuchar su sollozo.
-Algo me ha pasado.
-¿Algo cómo qué?
-Estoy embarazada.
-Eso es algo bueno Amber, no
cualquiera se queda emabarazada hoy en día, es difícil conseguirlo, no hay nada
de malo contigo.
-Yo no sé cómo me he quedado
embarazada.
Cuando lo dijo no supe si quería
yo reír o enojarme, era una mujer lista, diferente pero lista, debía saber que
yo también era una persona lo suficientemente inteligente como para tragarme
ese cuento.
-Amber, sé que es muy extraño que
una mujer de tu edad se embarace de manera natural, pero no es imposible, aún
hay casos en los que…
-Algo ha cambiado en mí, algo me está
pasando…
Dijo aun de rodillas en el suelo,
con la mirada perdida.
-Así es Amber, estas embarazada,
muchas cosas van a cambiar en ti y para ti de ahora en adelante.
Amber se secó las lágrimas, y se
puso de pie, por primera vez la vi demostrar determinación y coraje, avanzó
sobre la mesa de ensayos, levantó su bata y sacó un Bío Ultrasonido, que se
había hecho ahí mismo en nuestros laboratorios, y como si se tratara de algo
sumamente importante lo puso ante mis ojos, de entrada vi el pequeño producto
que anidaba ya en su vientre, y no puede evitar sonreír, ahí estaba, a penas y
empezaba a tener forma.
Ella quitó aquella celulosa de
mis manos, al tiempo que ponía una más.
-Eso es lo obvio. ¡Esto no!
Cuando puso ante mí la celulosa
yo no sabía exactamente qué quería que viera, así que supuse que tendría que
analizarla toda. Lo primero que distinguí fue cuatro tomas de su cavidad
abdominal y pélvica. Empecé por observar
sus ovarios, eran pequeños, nada anormal en la actualidad, los ovarios de las
mujeres producían óvulos cada vez más pequeños y un tanto deficientes, de igual
manera en que el hombre producía un esperma cada vez más escaso, lo que
dificultaba la fecundación, más aún porque el tiempo de vida de los espermas
comparado con hace 45 años era muy corto, de 2 a 20 horas, razón por la que la
mayoría recurría a fertilizaciones in vitro. Dejando de lado los ovarios divisé
las trompas de Falopio, ahí empecé a percatarme de lo que Amber decía, parecía
verdad, algo había cambiado ahí, sus trompas estaban diferentes, como
inflamadas.
Al ver más de cerca y más
detenidamente en la siguiente celulosa, me di cuenta que había una especie de
alteración, se alcanzaban a ver una especie de vasos y conductos que
definitivamente no deberían estar ahí, parecieran un tipo de tumores o algo por
el estilo.
-¿Qué esto Amber?
Ella debía tener la respuesta,
era lista y era seguro que no me mostraba aquello para que le dijera qué era,
sino para desahogarse.
-Soy yo.
-Eso lo sé, pero explícame.
-Algo me pasó, yo… eso no estaba
así, o no lo sé, no lo recuerdo.
-Amber, por favor explícame.
Por un momento dejo el
sentimiento de lado, dejo su propia preocupación y volvió por un segundo a ser la brillante
trabajadora de la ciencia.
-Me hice ya varios estudios,
todos están aquí…
Empezó a sacarlos de la pequeña
gaveta en el escritorio.
-Tengo ya tres meses de embarazo,
pero mi marido y yo no hemos estado juntos en casi seis meses, y tampoco he
estado con alguien más, me he desesperado mucho, me he hecho cada estudio
posible y algo cambió ahí. Los dos apéndices que ves en las trompas son
vesículas…
Lo decía mientras me señalaba…
-estos conductos no terminan
aquí, vienen hasta esta especie de apéndice que se ha ramificado desde uno de
los ovarios…
Aquello era algo que apenas y
empezaba a notar
-son dos sacos que funcionan como
testículos, guardan espermatozoides…
Me lo dijo al tiempo que me
mostraba una placa de corte ultrasónico, mientras yo no acertaba a razonar lo
que me estaba explicando, solo veía y lo que veía era muy claro, en efecto
aquello parecía dos sacos y claramente se distinguían en ellos las estructuras
propias de los testículos.
-Esta es la vesícula seminal, y
hasta aquí llegan y pasan a este apéndice es extraño, creo que debe tener la
función de combinar ambos y expulsarlos, puesto que no encuentro mayor
estructura en el que no sea la necesaria para contraerse y liberar. He medido
mis niveles de testosterona y progesterona, son 50 y 50, pero han caído un
poco.
Todo esto lo decía con los ojos
llenos de lágrimas, intentando ser o parecer una persona razonable dentro de
toda aquello que estaba diciendo y que sonaba a locura.
-Parece estúpido, pero ya me hice
biopsias, estudios, ultrasonidos, placas de corte ultrasónico y he analizado
todo, todo está ahí.
Lo dijo mientras me veía como
suplicándome que no la tachara de loca, que no le dijera fenómeno. Revisé una y
otra vez aquellos estudios, y por si fuera poco, la obligue a realizarlos en mi
presencia, la hice pasar por una inquietud por la que ya había pasado, con la
que estaba luchando cuando la encontré anonadada, pero no había nada más que
hacer, todo aquello era real y estaba ante mis ojos.
Aquella mujer había de alguna
manera desarrollado un sistema que le permitió llevar a cabo una
autofecundación, era funcional, era simple pero completamente funcional, eran
miles de estudios los que se tenía que hacer, era mucho lo que había que
documentar.
Estaba frente a lo que la ciencia
por tantos años había buscado, una evolución completamente funcional, y sobre
todo necesaria, estaba frente a lo que por tanto tiempo, tantos científicos
hubiesen querido ver. Una mujer capaz de reproducirse asexualmente a través de
un embarazo. Aquel organismo muy seguramente sería por defecto un clon, una
réplica exacta de su material genético, y quizá si corríamos con suerte,
aquella evolución natural, aquella selección que la naturaleza le había
brindado, dotaría a su organismo o al nuevo ser de la capacidad de deshacerse
del material incorrecto y seleccionar solo aquel que era apto para la
supervivencia y la mejora continua.
Era increíble, quería estudiarla,
quería someterla a todo lo necesario para aprovechar su caso en beneficio de la
ciencia, era necesario, era por la humanidad…
-No.
Respondió tajante y fría.
-Mi vida no ha sido fácil, tú no
tienes idea de lo que me ha costado llegar hasta aquí, hacer mis estudios,
comprobar mis teorías, hacerme oír un poco, ya tengo mucho con que mi espo… él,
me considere una adultera, ya tengo suficiente con sentirme como un fenómeno,
como para que todo el mundo me haga sentir un objeto de estudio a mí, y a mi
hijo.
La vi a los ojos y no supe que
decir, quería obligarla pero no se me ocurría cómo.
-Sé lo importante que puede ser
para ti, puedes estar conmigo, puedes ser parte de, lo hago porque voy a
necesitar quien me ayude a monitorearme a mi y a mi bebé, y por que necesito no
estar sola, pero esa es mi condición
Me quede sin palabras, cómo dejar
así algo tan maravilloso, como guardar algo que podría revolucionar el mundo
entero.
-No te preocupes tanto, podrás
hacer tus estudios, y algún día aplicarlos, te aseguro que no seré la única,
pero yo no, por favor.
Nunca entendí mi discreción hasta
ese momento, podía escoger ser parte de aquella maravilla o divulgarlo y que
todos me juzgaran como una persona loca y demente, al final de cuentas ella
podría solo desaparecer y con ella todo la evidencia.
Asentí nuevamente con la cabeza.
-Confío en ti.
El 4 de octubre de 2061, Amber
dio a luz a una niña completamente sana, pero al parecer aquella evolución en
el cuerpo de la madre aún no era perfecta, hubo muchas complicaciones y lamentablemente
Amber falleció después del parto, apenas y alcanzó a ver a aquella niña que
había engendrado, sonrió y volvió a repetir lo mismo que un tiempo atrás.
-Confío en ti.
Génesis, según los estudios que
hasta hace unos años llevaba en secreto, era genéticamente idéntica a Amber,
excepto por algunas mejoras en su código de ARN que le hacían una niña con un
sistema inmune increíblemente fuerte y una inteligencia que la convertían en un
prodigio para su edad. Al parecer la primera fase de una nueva selección
natural. Génesis aún no mostraba señales de cambio en su aparato reproductor,
pero era algo que podía ocurrir en cualquier momento, o tal vez no.
He escrito esta historia porque
Génesis que hoy veo como mi hija, está de acuerdo, las pruebas están ahí, en
sus manos, cada estudio, cada resultado, cada muestra.
Hoy a 15 años de su nacimiento,
se ha descubierto otro caso como el de su madre, y ella quiere que el mundo
sepa que esto, la evolución del ser humano, comenzó hace tiempo, con una mujer
llamada Amber.
Comentarios
Publicar un comentario