Hacía mucho tiempo atrás me había preguntado qué caso tenía arriesgarme nuevamente, ya sabes, poner otra vez todas tus buenas intenciones en manos de un completo desconocido y dejarle apostar al destino. Recuerdo aún sus ojos y me dan ganas de llorar, eran dulces y cálidos, turquesa, de ese turquesa que tiñe al mar caribe, mi favorito... parecían iluminados por el mismo sol. Su sonrisa era perfecta para mí, venía de una boca pequeña, delgada y sutil que anclaba palabras y las hilaba con arcos lindos cada vez que lo hacía reír con mis tonterías. Esa fue la primera vez que lo vi, tan lejos, intentando descifrar mis palabras y explicándome las diferencias que había entre lo que decía y lo que pensaba, siguiendo mis estúpidos juegos e ignorando mi falta de coherencia. Jugué nuevamente, sin maquillaje y a punto de dormir, me había olvidado de todo y estaba ahí. Qué jodida la vida que me puso de nuevo ante una situación que ya no quería ni esperaba, qué jodidos mis ojos trasnoch...