Es usted muy extraño en cualquier día normal, no sabe todo lo que ha conseguido, y sepa que le hablo de usted porque quiero pronunciar su nombre hasta que esté tan cerca que no quede duda que nos hemos tomado confianza; qué más da lo que digan, nadie lo conoce de la manera en que yo quiero encontrarlo, poco a poco y sin prisa, tome usted su tiempo, termine con calma su cigarro, no se apure, siempre he sido terca y sin intención de amenaza con usted tengo paciencia, sepa que lo voy a esperar; hemos tardado tanto en vernos que sabré aguantar mi ansia hasta tenerlo conmigo, tan cerca que no quede duda que nos hemos tomado confianza para dejar de hablarle de usted, para llamarlo por su nombre y tomarlo por sus manos, para enamorarle la mente y provocar entera su piel, para sacarle los miedos y dejarle mis labios... Pero no se apure, vamos a irnos despacio, termine con calma su cigarro, siempre he sido terca, y yo a usted voy a esperarlo.
Si me hubieras preguntado yo ya tenía mi respuesta, yo no lo hubiera considerado, eras tú mi gran apuesta. No es que no tenga palabra, yo no quería cerrar la puerta, ya estaba de ti enamorada ¡no sé cómo no te diste cuenta! Y ahora vienes a reclamarme que no tengo perdón, ¡Soy culpable por haberte dejado bandido entrar cuando tú aún no eras mío! Y ahora vienes a reprocharme que soy mala y no digna de hablarme, si mi único pecado amor mío fue ese día haber yo cedido. Ahora viene y me dices que tú pensabas intentarlo, pero jamás me detuviste ¿Cómo podía yo adivinarlo? Ahora pretendes culparme por haber todo terminado, ¿Y tantas veces que fui a buscarte esperando seguir a tu lado? Pero vienes a reclamarme que no tengo perdón, ¡Soy culpable por haberte dejado bandido entrar cuando tú aún no eras mío! Y ahora vienes a reprocharme que soy mala y no digna de hablarme, si mi único pecado amor mío fue ese día haber yo cedido.