El día anterior lloraba,
no podía entender dónde estaba mi error.
Busque entre mis manos,
en medio de mi sonrisa quebrada,
en el hueco que había dejado
justo debajo del alma
el paciente y loable amor.
No había nada, no decían nada,
nada me guiaba a ningún lado,
y otra vez me sentí perdida,
inmersa en un colosal mundo
que se sume inminente
en la calificación superficial
medida por la aprobación del éxito
o la burla del mal visto fracaso.
Completa y enteramente dolida,
intentando vagamente entender.
Ahí estaba yo siendo humana,
arrancando a mis ojos aquel llanto
nacido en un entorno material,
invocando pacifico al subconsciente
que amenazaba con nunca volver.
No hay más, no hay respuestas,
las cosas tan solo pasan,
las decisiones una por una
simplemente se toman,
las consecuencias esperan
como diamante en bruto tras el carbón,
anhelando pulirse bajo la mano experta,
conocedora del incansable dolor.
No hay más para buscar que esto,
lo que veo delante del espejo,
lo que siento bajo el pulso de mi mano,
impreso a veces en felicidad
y otras tantas discordancias con
los males pasajeros.
El día anterior lloraba,
no podía entender
dónde estaba mi error.
Hoy busco un suave consejo,
hacer sin cesar lo que amo,
y embriagarme de la sutil humildad
de esta vida que nos lleva de viajeros.

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