Hacía mucho tiempo atrás me había preguntado qué caso tenía arriesgarme nuevamente, ya sabes, poner otra vez todas tus buenas intenciones en manos de un completo desconocido y dejarle apostar al destino.
Recuerdo aún sus ojos y me dan ganas de llorar, eran dulces y cálidos, turquesa, de ese turquesa que tiñe al mar caribe, mi favorito... parecían iluminados por el mismo sol. Su sonrisa era perfecta para mí, venía de una boca pequeña, delgada y sutil que anclaba palabras y las hilaba con arcos lindos cada vez que lo hacía reír con mis tonterías.
Esa fue la primera vez que lo vi, tan lejos, intentando descifrar mis palabras y explicándome las diferencias que había entre lo que decía y lo que pensaba, siguiendo mis estúpidos juegos e ignorando mi falta de coherencia.
Jugué nuevamente, sin maquillaje y a punto de dormir, me había olvidado de todo y estaba ahí.
Qué jodida la vida que me puso de nuevo ante una situación que ya no quería ni esperaba, qué jodidos mis ojos trasnochados que morados se arrugaban cada vez que me hacía sonreír con comentarios sin sentido que rompían el silencio de la noche a carcajadas.
Estuve esperando en la mañana un mensaje, una llamada, una foto o algún recuerdo...
Y hoy estoy aquí, sola frente al espejo, viendo nuevamente a esa mujer que aquella noche decidió volver a creer y no pude evitar romper en llanto, de esos que te hacen murmurar entre sollozos un: te lo dije.
-Tienes que salir, te están esperando.
Volteé apenada y asentí con la cabeza, era imposible intentar si quiera ocultar aquellas lagrimas que me salían a borbotones.
-¡No puede ser que estés llorando! No pueden verte así, anda límpiate y sal de una buena vez.
Lo hice, tomé mis cosas y salí de aquel cuarto completamente decidida, a veces es necesario dejar mil cosas atrás para poder volver a empezar, nadie avanza cuando se ata a sí mismo a un pasado que ya de ninguna forma ocurrirá, y es verdad, duele verte así: armada a pedazos, cuando alguna vez fuiste una mujer entera, pero finalmente estas dando de nuevo pasos, mejores pasos.
Cuando abrieron la puerta mi corazón casi se detiene en mi pecho y un vuelco me vino al estomago, iba a avanzar vestida de blanco hacía aquellos ojos color turquesa, como el mar caribe, mi favorito.
Recuerdo aún sus ojos y me dan ganas de llorar, eran dulces y cálidos, turquesa, de ese turquesa que tiñe al mar caribe, mi favorito... parecían iluminados por el mismo sol. Su sonrisa era perfecta para mí, venía de una boca pequeña, delgada y sutil que anclaba palabras y las hilaba con arcos lindos cada vez que lo hacía reír con mis tonterías.
Esa fue la primera vez que lo vi, tan lejos, intentando descifrar mis palabras y explicándome las diferencias que había entre lo que decía y lo que pensaba, siguiendo mis estúpidos juegos e ignorando mi falta de coherencia.
Jugué nuevamente, sin maquillaje y a punto de dormir, me había olvidado de todo y estaba ahí.
Qué jodida la vida que me puso de nuevo ante una situación que ya no quería ni esperaba, qué jodidos mis ojos trasnochados que morados se arrugaban cada vez que me hacía sonreír con comentarios sin sentido que rompían el silencio de la noche a carcajadas.
Estuve esperando en la mañana un mensaje, una llamada, una foto o algún recuerdo...
Y hoy estoy aquí, sola frente al espejo, viendo nuevamente a esa mujer que aquella noche decidió volver a creer y no pude evitar romper en llanto, de esos que te hacen murmurar entre sollozos un: te lo dije.
-Tienes que salir, te están esperando.
Volteé apenada y asentí con la cabeza, era imposible intentar si quiera ocultar aquellas lagrimas que me salían a borbotones.
-¡No puede ser que estés llorando! No pueden verte así, anda límpiate y sal de una buena vez.
Lo hice, tomé mis cosas y salí de aquel cuarto completamente decidida, a veces es necesario dejar mil cosas atrás para poder volver a empezar, nadie avanza cuando se ata a sí mismo a un pasado que ya de ninguna forma ocurrirá, y es verdad, duele verte así: armada a pedazos, cuando alguna vez fuiste una mujer entera, pero finalmente estas dando de nuevo pasos, mejores pasos.
Cuando abrieron la puerta mi corazón casi se detiene en mi pecho y un vuelco me vino al estomago, iba a avanzar vestida de blanco hacía aquellos ojos color turquesa, como el mar caribe, mi favorito.

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