Cuando regresé estaba muy cansado,
quería acostarme un momento, pero debía acomodar las flores amarillas en el
jarrón, yo en realidad odiaba las flores amarillas, pero a ella le encantaban,
no podía negarme (aunque varias veces le aclaré que no me agradaban), después
de todo eran esas con las que yo la conquisté, y parecería estúpido que después
de tantos años juntos se las negara, me vería un poco hipócrita, ya saben, como
político haciendo promesas de campaña y una vez que gana la elección se olvida
de sus propias palabras.
Y bueno, después de todo yo siempre podía ignorar
aquellas feas camelias amarillo pollo, pero no podía pasar por alto la sonrisa
que le provocaban al pensar que yo aún la amaba como la primera vez que se lo
dije.
Comentarios
Publicar un comentario