Es a veces tan frágil la manera en la que nace…
Sutil, entre los despojos de un invierno limosnero,
tan frágil, tan suave, con el aroma febril de la
inexperiencia,
cual llama que brota débil entre los escombros del alma,
intentando iluminar el vacío que un día se quedó sin luz.
Bonita y creces, sin mi permiso, creces inquietante
veraniega,
acogida a una fuerza descomunal, con ganas, impetuosa,
abrigada del cálido umbral de mis vagos y tímidos intentos,
y creces bonita, impresionante, sorprendiéndome todos los
días,
llenando como agua cada rincón de ésta mi infértil tierra,
bajo los acordes estruendosos y armónicos de una fe ciega.
Compones notas de puntitas mientras bailas descalza,
envuelta en los suspiros de sentimientos que creía muertos,
los reparas alocada y con sutil ternura me los guías,
inundándome por dentro y por fuera desatando la guerra.
Bonita y creces, aunque no lo quiera logras que pase,
Y de a poco me haces libre de lo que tanto tiempo fui
prisionero,
Libre en tus manos, en tus sueños inquietantes y tu cálida inocencia,
Sin rumbo, sin destino, sin horarios ni olvidos, en total
calma.
Bonita y creces, sin mi permiso, y empiezo a desear que
crezcas.

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