Su nombre ya no lo recuerdo, ni siquiera sé si se lo pregunté, suponía entonces que sólo sería una aventura de una noche, algo pasajero, un deseo infame que saciaría al tenerla entre mis manos, pero me enamoré, me enamoré de esa soñadora que hoy me roba el aliento, me hice adicto a sus besos, en sólo una noche era dueña de mi deseo, de mis ansias, ella me dio sexo a cambio de dinero, yo deposité en ella falsas esperanzas.
¿Quién puede tocarte una canción que recorra tus labios en millones de segundos que se vuelven horas? ¿Quién puede motivar tanto tu corazón que tu mente olvide las palabras correctas y suelte carcajadas completas? Dime cuando sueñes, ¿quién? Si cierras los ojos, ¿dime quién? Quiero ser yo, dime si puedo ser yo, la que te toque el alma y te cante el amor, volcando sueños a la luz de unas pocas horas, viajando sin sentido por miles de kilómetros que no conocemos ninguno de los dos. Dime si puedo escribirte, si puedo inspirarme en tus ojos que brillan en cualquier momento del día, en esa sonrisa que desgasta cualquier barrera y disuelve mi sensatez, y baila y vibra y me suena a milagro y me mantiene encendida.
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